jueves, 14 de julio de 2011

Los estadounidenses utilizan el spam para comprar medicamentos con receta más baratos


Los estadounidenses son mucho más propensos que las personas de otros países a usar las farmacias anunciadas mediante spam para el tratamiento de enfermedades graves.


Por Brian Krebs


El spam puede ser sinónimo de medicamentos destinados a ayudar al sexo masculino, pero nuevas investigaciones muestran que hay un perfil, el de los estadounidenses, que en comparación con los compradores de otros países son mucho más propensos a usar las farmacias anunciadas mediante spam para obtener pastillas con las que tratar enfermedades graves—una tendencia que refleja diferencias en las políticas de atención sanitaria del Gobierno y las referidas a los medicamentos de prescripción (con receta).

Varios investigadores de la Universidad de California en San Diego, han recogido los primeros datos que muestran qué medicamentos compran con más frecuencia los consumidores a partir de anuncios de spam y cuánto gastan en estos dudosos boticarios en línea.

"La gente acude a ellos cuando les da demasiada vergüenza hablar con un médico, o cuando sería demasiado caro comprarlos de otra manera", señaló Chris Kanich, candidato a doctorado en el Departamento de Ciencias Informáticas de la UCSD e investigador principal del estudio.

Las estimaciones previas de ingresos mensuales en todo el mundo procedentes del spam han variado drásticamente, pasando de 300.000 dólares a más de 58 millones. Los investigadores de la UCSD encontraron que las de mayor tamaño entre este tipo de farmacias deshonestas por Internet generan entre 1 millón y 2.5 millones de dólares en ventas cada mes, y advierten que sus estimaciones son conservadoras.

Kanich señala que las cifras muestran que, aunque el mercado anunciado mediante spam es importante, no es casi ni de lejos tan grande como algunos han afirmado, ni está a la altura de los gastos anuales en técnicas anti-spam realizados por las empresas y los PSI.

"Estamos tratando de hacer una estimación por lo bajo", explicó Kanich. "Muchos de los cálculos anteriores han sido de personas que han elaborado estimaciones poco precisas y tenían incentivos para cambiar las cifras de una forma u otra".

Los investigadores llegaron a sus valoraciones mediante la extracción de datos de transacciones de siete de las mayores farmacias anunciadas mediante spam. Al hacer "compras" de cada marca de farmacia, descubrieron que cada una de dichas farmacias asigna un número secuencial a las compras individuales. Por tanto, a partir de cualquier par de compras, el equipo de la UCSD pudo determinar el volumen total de transacciones en el intervalo entre las dos compras al restar el número del primer pedido al segundo.

Para saber qué productos compraron los clientes de farmacias anunciadas mediante spam, los investigadores aprovecharon una característica oculta en los sitios web utilizada para promover a la mayor organización dentro de industria: EvaPharmacy. Descubrieron que las dos terceras partes de los sitios web afiliados a EvaPharmacy "externalizaban" el alojamiento de imágenes en servidores comprometidos de terceros.

Los investigadores contactaron con la víctima de una infección, que compartió los datos de registro del tráfico web de la máquina comprometida. Estos datos también incluyeron las direcciones de Internet de los visitantes, lo que reveló el número de visitantes únicos y el país de origen de cada cliente.

El equipo de la UCSD encontró que después de que los usuarios seleccionaran un medicamento en particular desde la página principal de la farmacia, eran enviados a una página de producto, donde se les pedía que seleccionasen la dosis y la cantidad particular. Después de eso, los usuarios eran enviados a una página de compra, que incluía muchas nuevas imágenes con recomendaciones de productos. Al comparar el número de visitas a esta página con las diferentes direcciones de Internet, fueron capaces de estimar la fracción de visitantes que seleccionaron un elemento de las imágenes del carro de la compra y pudieron inferir el producto que cada cliente había seleccionado.

Los investigadores encontraron diferencias significativas entre los hábitos de selección de medicamentos de los estadounidenses y los clientes de Canadá y Europa Occidental. El análisis divide las pastillas de EvaPharmacy en dos grandes categorías: medicamentos de estilo de vida, entre los que se encuentran píldoras para la disfunción eréctil y pastillas de la hormona del crecimiento humano, y medicamentos que no tienen que ver con el estilo de vida, incluyendo los utilizados para tratar trastornos de ansiedad, infecciones de los senos, hipertensión, pérdida de cabello, cáncer o infertilidad.

La investigación reveló que los clientes de EE.UU. seleccionaron medicamentos no relacionados con el estilo de vida el 33 por ciento de las veces. Por el contrario, los canadienses y de Europa occidental compraron casi siempre medicamentos incluidos en esta categoría, quedando fuera de ella tan solo un 8 por ciento de los objetos colocados en los carros de la compra.

"Suponemos que esta discrepancia puede surgir debido a las diferencias en los regímenes de atención sanitaria; los medicamentos fácilmente justificables frente a un médico puede que estén totalmente cubiertos por los planes estatales de salud en Canadá y Europa Occidental, dejando al mercado externo únicamente los productos de estilo de vida", escribieron los investigadores. "Por el contrario, un subconjunto de clientes sin seguro o con seguro insuficiente en EE.UU. podrían considerar a las farmacias anunciadas mediante spam, y que no requieren receta médica, como un mercado competitivo para satisfacer sus necesidades médicas. Para subrayar aún más este punto, observamos que el 85 por ciento de todos los medicamentos de estilo de vida son seleccionados por visitantes de EE.UU".

A diferencia de muchas otras naciones, EE.UU. no ha aprobado controles de precios sobre los medicamentos recetados. Según un estudio realizado el año pasado por la Asociación Americana de Personas Jubiladas (AARP, por sus sigles en inglés), los precios de los medicamentos recetados en EE.UU. subieron más de un 8 por ciento en 2009 y algunos han aumentado entre un 40 y un 92 por ciento en los últimos cinco años.

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