miércoles, 17 de agosto de 2011

"El cuerpo se conectará a Internet"

Paul Horn, ex director de IBM Research, creó el primer procesador de cobre o 'Deep Blue', el ordenador inteligente que batió a Kasparov al ajedrez en 1997



Por M.Á.M. / El País

A Paul Horn se le pierde la mirada al pensar en los avances tecnológicos de los 100 últimos años. Luego escoge un adjetivo para describirlos: inimaginables. Ni siquiera los mejores libros de ciencia-ficción, dice, fueron capaces de predecir lo que ha ocurrido. "Por un mismo dólar ahora compramos 1.000 millones de veces más poder de computación que hace un siglo. Prácticamente nada en la sociedad ha cambiado tanto".

A sus 64 años, Horn no solo ha vivido muchos de los grandes avances sino que además inventó alguno de ellos, como el primer procesador de cobre, el silicio rígido, que permitió fabricar chips un 35% más rápidos, o Deep Blue, el superordenador que batió a Kasparov al ajedrez en 1997. Lo hizo durante sus 11 años al frente de IBM Research, uno de los laboratorios de investigación más potentes del planeta, con 3.000 empleados y 6.000 millones de dólares de presupuesto anual. "Es difícil escoger un proyecto, pero estoy orgulloso de Blue Gene, el supercomputador con el que Estados Unidos recuperó en 2005 el liderazgo mundial", cuenta.

Pocas cosas podrían hacerse ya sin estos súper cerebros artificiales: investigación médica, proceso de datos financieros en segundos, diseño de productos... Speedo, por ejemplo, utilizó uno para analizar los movimientos de los nadadores en el agua y crear sus polémicos bañadores deslizantes.

Algo no ha cambiado: los procesadores siguen siendo cada vez más rápidos y pequeños. Horn cree que será así 10 años más. "Después es difícil adivinar qué pasará". Él inició el trabajo que desembocó en Watson, el superordenador que en febrero batió a dos personas en el concurso Jeopardy. Un buen ejemplo de cómo las máquinas se acercan a la inteligencia humana. "Lo próximo será que aprendan en tiempo real de la gente para parecerse cada vez más a nosotros", dice.

Nacido en Nueva York, de cuya universidad es responsable de investigación, Horn ha visto nacer la informática. En su laboratorio de IBM creó el primer procesador interconectado con filamentos de cobre. Se siguen usando, pero los haces de luz están reemplazando al cobre como método de transmisión electrónica. Curiosamente, es escéptico sobre los nuevos materiales, como el grafeno, que prometen jubilar el silicio. "Hoy podemos colocar 1.000 millones de transistores en un chip. Nadie sabe si lo conseguiremos con el grafeno".

De lo que no duda es de Internet, el avance de mayor impacto en nuestras vidas, dice. No le gusta hacer predicciones pero vaticina que el Internet de las cosas será fructífero en las próximas décadas. Y no solo porque cualquier objeto se conectará a la Red. También las personas. "En el futuro podremos implantarnos microchips y conectar el cuerpo a Internet. Las aplicaciones en salud y bioingeniería serán enormes. Y no importa el miedo a la privacidad. Ocurrirá", asegura.

En los últimos 100 años han cambiado demasiadas cosas. Otra: de la era del pecé y el modelo de distribución horizontal a la era donde imperan los móviles y el modelo vertical de Apple. "En la industria tecnológica una compañía fabricaba los procesadores, otra el software, otra los equipos... Luego vino Apple y decidió que lo haría todo. Nadie hubiera pensado que funcionaría".

Tampoco muchos hubieran dicho que el software libre fracasaría como lo ha hecho en la informática de consumo y empresarial. "Fue en parte por el éxito de Microsoft. Ahora tiene una segunda oportunidad con los móviles", dice en referencia a Android. Pese a ello, cree que Google aún no se ha ganado el respeto como empresa innovadora. "IBM, Apple o Microsoft tienen mucha historia. Google lo tiene que demostrar".

En plena era de la hiperconexión, quedan aún paradojas del progreso. Utilizamos mucho el teclado y el ratón. "Es cultural, nos hemos acostumbrado y es difícil cambiar". Los interfaces naturales, asegura Horn, los gestos, la voz y el tacto, irán ganando terreno para comunicarnos con las máquinas.

Predecir tendencias tecnológicas es fácil, dice. Lo complicado es saber cómo afectaran a la sociedad. Frente a la incertidumbre, una certeza: "Hemos evolucionado mucho gracias a la tecnología. Somos más altos, fuertes, inteligentes y vivimos más. En los próximos 100 años el ritmo será mayor".

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