jueves, 8 de enero de 2015

Modelo ECO2 y Redes Sociales



Fuente: REDES- Revista hispana para el análisis de redes sociales
http://revista-redes.rediris.es/html-vol18/vol18_12.htm 
Vol.18,#12, Junio 2010
http://revista-redes.rediris.es 

De 1995 a 1998, cuatro organizaciones de la sociedad civil mexicana,[2] con financiamiento de la Unión Europea (1995-1996) y del gobierno alemán y la agencia alemana Deutscher Caritasverband (1996-1998), llevaron a cabo, con la asesoría de expertos internacionales y profundos conocedores de la realidad mexicana,[3] una investigación en la acción para desarrollar un modelo de prevención, reducción del daño, tratamiento y reinserción social en relación a las farmacodependencias y situaciones críticas asociadas. Los principales resultados de esa investigación y del proceso paralelo de articulación interinstitucional fueron el modelo ECO2y el Centro Cáritas de Formación para la atención de las farmacodependencias y situaciones críticas asociadas (abreviado como CAFAC: http://www.laneta.apc.org/caritas). Posteriormente, con la participación de otras organizaciones, se conformó la Red Mexicana de Organizaciones que Intervienen en Situaciones de Sufrimiento Social (REMOISSS: www.paginasprodigy.com/cafac/remoisss/index.html) y se iniciaron otros procesos latinoamericanos en base al modelo ECO2, articulados actualmente en las redes centroamericana (RECOISS: http://www.recoiss.org) y americana (RAISSS: http://www.raisss.cl).

El nombre del modelo ECO2 se construyó como un juego de palabras, a partir de algunos de sus elementos esenciales: Epistemología de la Complejidad (ECO), Ética y Comunitaria (ECO), por lo tanto ECO2. La palabra ECO hace referencia también a la raíz griega que significa “Casa” y está en la etimología de Ecumenismo y Ecología, aludiendo a los procesos de inclusión social que promueve el modelo. Epistemología de la complejidad, más que a una teoría determinada y acabada, hace referencia a un metanivel (disciplina o reflexión de segundo orden) que nos brinda la posibilidad de enlazar los aportes que diversas ciencias[4] (antropología, sociología, psicología social, psicoanálisis, etc.) hacen para entender la realidad humana (las personas, los grupos, las comunidades y fenómenos como las farmacodependencias, las situaciones de calle, etc.). Para nosotros cada disciplina constituye un sistema de modelos (Machín y Molina, 1987) que privilegia una cierta mirada sobre la realidad, por lo que es necesario vincularlas entre sí de manera reticular y transdisciplinaria (Morin, 1984); más aún, es necesario hacer una crítica epistemológica de cada una y buscar su articulación en un metanivel, a partir de los aportes que la filosofía y las ciencias de la complejidad han hecho. Así, por ejemplo, se retoman elementos que van desde la geometría fractal de Mandelbrot (1997) hasta el pensamiento complejo de Morin (1994), pasando por la cibernética de Wiener (1985), la cibernética de la cibernética de Bateson (1976, 1993) y Von Foerster (1991), la sinergética de Haken (1986), la recursividad de Hofsdater (1982), la complejidad efectiva y los sistemas complejos adaptativos de Gell-Man (1998), la dinámica de sistemas no lineales (Hayles, 1998; Gleick, 1987), etc. Así mismo, el campo transdisciplinar de las Redes Sociales (Molina, 2001; Gil & Schmidt, 2002; Scott, 2000; Duncan, 2006) ha constituido uno de los ejes fundamentales del modelo, tanto teórica como metodológicamente.

“Ética y Comunitaria” apunta a opciones de base en la intervención: la promoción de los derechos humanos, el respeto a la dignidad de las personas y las comunidades, por lo tanto, la exigencia de buscar limitar y contrarrestar los fenómenos de exclusión y sufrimiento social, de manera profesional, es decir, que se satisfagan criterios de deontología, eficacia, eficiencia, calidad. Implica, así mismo, el reconocimiento y la reflexión, por parte de quienes intervenimos, de nuestras propias motivaciones, limitaciones, errores y la necesidad de evaluación y supervisión constante. Aquí los aportes del psicoanálisis son fundamentales (Devereux, 1999).

El modelo ECO2 actualmente es el marco teórico y metodológico en el que se han formando más de 3,000 personas de más de 300 organizaciones de Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá. Desde hace unos años se ha empezado a experimentar en Bangladesh, Afganistán, India, Pakistán y recientemente en Europa del Este. La participación de cada una de estas organizaciones y experiencias ha enriquecido enormemente al modelo, que ha ido ampliando su campo de aplicación, rebasando el marco de las farmacodependencias y utilizándose en una gran variedad de campos de la atención de las situaciones de sufrimiento social como son: personas con SIDA o VIH+, menores infractores, situación de calle, indígenas migrantes, exclusión social grave, jóvenes estigmatizados, etc.

La convergencia y sinergia de múltiples actores (financiadoras internacionales, OSC, personas y grupos de comunidades locales, etc.) han posibilitado la creación de un sistema en red de formación de recursos humanos en el modelo ECO2 y, a través de éste, la sistematización de la práctica de múltiples OSC, con un marco teórico y metodológico común, que incluye el uso de instrumentos estandarizados para el registro, organización, síntesis y análisis de la información (Milanese, Merlo, Laffay, 2000; Milanese, 2009). De esta manera se ha conseguido crear puentes entre la ciencia y la práctica, en el sentido de Wandersman et al (2008), a partir de la sistematización de diversas intervenciones sociales, su traducción a marcos científicos y, a su vez, en términos de políticas públicas basadas en evidencia (por ejemplo, la exitosa experiencia de la Fundación Procrear y Corporación Viviendo en Colombia que desarrollaron el modelo de inclusión social para personas consumidoras de sustancias psicoactivas, dentro de la política nacional para la reducción del consumo de sustancias psicoactivas (Fergussson y Góngora, 2007) o el proceso, actualmente en marcha, de desarrollo del modelo ACIA (acompañamiento comunitario integral de adolescentes) por parte del gobierno del Distrito Federal, México, para el tratamiento de adolescentes en conflicto con la ley penal (SIJA, 2009), ambas experiencias basadas en el modelo ECO2).

El propósito de este artículo es presentar un ejemplo de la aplicación del Análisis de Redes Sociales en una intervención basada en el Modelo ECO2. Este modelo emplea las redes sociales como una útil y poderosa perspectiva teórico-metodológica tanto para el diagnóstico (de personas y de comunidades locales), como para el diseño y desarrollo de las estrategias de intervención en una gran variedad de contextos sociales. La intervención en el modelo ECO2 busca, dentro de una comunidad local, la articulación de una red de recursos, crear una red operativa (red social subjetiva comunitaria de las y los operadores de la intervención) y aumentar la complejidad efectiva de las redes sociales de las personas, especialmente aquellas que se encuentran en situación de exclusión social grave, porque un resultado bien documentado de múltiples y diversas investigaciones (Sluszki (1998) hace una revisión de varias de ellas) es que las redes sociales juegan un papel fundamental en los estados de salud/bienestar o enfermedad/malestar de las personas y como base del apoyo social (Maya, 2009).

Redes sociales
Por red social, en el modelo ECO2, se entiende el campo relacional que establece el espacio-tiempo-comunicación (Milanese, Merlo y Machín, 2000) en que los sujetos/sujetas[5] identifican-significan (las relaciones, la realidad, a otros sujetos/sujetas) y son identificados-significados (por las relaciones, la realidad, otros sujetos/sujetas) en su contexto. De este modo, la red social funciona en ciertos niveles como un sistema autopoyético (Maturana y Varela, 1972), es decir, que se produce por sí mismo, no sólo sus estructuras, sino también los elementos de que está compuesto. Los elementos del sistema no tienen una existencia independiente (no están ahí simplemente), son producidos por el sistema: son informaciones (distinciones) que producen la diferencia en el sistema. En el caso de la red, ésta está formada por las relaciones que forma la propia red. Cada relación establece distinciones, pero ninguna existe independientemente de la red.
Para modelar matemáticamente las redes se ha empleado de manera muy fructífera la teoría de grafos y el álgebra de matrices. Ambas aproximaciones ponen al descubierto que las redes están formadas por dos grandes tipos de elementos: relaciones (representadas por segmentos de líneas (orientados o no) o por números, respectivamente) y nodos[6] (representados por puntos o vértices, o por vectores, respectivamente). Sin embargo, en el modelo ECO2 hacemos énfasis en que un tercer elemento fundamental de las redes es el vacío (Machín y Solano, 2004), representado por la ausencia de líneas o nodos, o por el número cero, así como por el espacio donde se grafica la red. Una red, para su existencia, necesita de un espacio-tiempo que hemos llamado vacío, en la medida que no está ocupado por nodos y lazos. Si no hubiera vacío... no habría una red... sino una Pa-red, como acostumbra decir Merlo (2000). El vacío es el espacio-tiempo que permite la “desviación” y el cambio, y en otro sentido, Burt (1992) nos ha convencido de la importancia de los hoyos estructurales en una red social.

Redes sociales y bienestar/malestar
Larissa Lomnitz (1989) escribió un texto clásico sobre el papel que juegan las redes sociales en la supervivencia de los marginados. Speck y Atteneave (1990) desarrollaron una terapia familiar sistémica basada en la activación de los recursos de la red social, y existe un acervo importante de investigaciones (Croce & Merlo, 1991; Sluszki, 1998) acerca de la relación las redes sociales de las personas y su situación de bienestar/malestar, así como de la capacidad de soportar y superar (o no) situaciones de stress, trauma, sufrimiento. Kadushin (1982), por ejemplo, realizó un estudio con un grupo de veteranos de la guerra de Vietnam. Su hipótesis de trabajo era que la capacidad individual de absorber el estrés postraumático no depende únicamente de las características de la persona, sino también de las características de su red social, como su amplitud y densidad: uno de los efectos de las experiencias traumáticas es la disminución en la persona de su capacidad en mantener interconectados los nodos de su red, que tiene como consecuencia una disminución, a veces, muy significativa de la amplitud y una disminución de las relaciones entre las personas de la red subjetiva, es decir, que tiende al aislamiento. También observó que con redes de la misma amplitud el elemento que más afecta su capacidad de enfrentar las consecuencias del estrés, es la densidad de su red: entre más densa, más fácil es para la persona superar las consecuencias de la experiencia traumática. Aunque, por otro lado, Dozier, Harris y Bergman (1987) han encontrado que es negativa tanto una densidad muy baja como muy alta. Sin embargo, estos hallazgos no se pueden generalizar automática e indiscriminadamente y pensar que existe una relación lineal causal. Las cosas son más complejas: por ejemplo, algunos autores han encontrado que las mujeres tienen una mayor capacidad de compensar la disminución de la amplitud y densidad de su red con una mejor calidad de las relaciones, si bien van Emmerik (2006) ha encontrado evidencias en sentido contrario. Y el aumento de prestigio puede compensar también la disminución en la amplitud o densidad, etcétera.

Intervención a partir de las redes sociales
ECO2 es un modelo de intervención con objetivos de prevención, reducción de daños y tratamiento de situaciones de sufrimiento social, en particular, pero no exclusivamente, aquellas asociadas al consumo de sustancias psicoactivas. Las redes sociales son importantes para el modelo en muchos sentidos: tanto como perspectiva teórica-metodológica como elemento fundamental del diagnóstico (tanto de comunidades locales como de personas) y de la estrategia de intervención.
El modelo ECO2 plantea que el equipo de operadores realice una serie de iniciativas de investigación en la acción, que permitan producir una organización comunitaria que incluya los siguientes elementos:
· diagnóstico de comunidad
· diagnóstico de personas
· red subjetiva comunitaria
· red operativa
· red de recursos comunitarios
Es útil reconocer que las redes sociales son las mediaciones a través de las cuales la comunidad local se organiza (red de líderes de opinión, redes de recursos comunitarios, redes subjetivas (Rivera, 2005), etc.) y con las que nosotros propiciamos la reorganización de la comunidad (red subjetiva comunitaria y red operativa) en el sentido de una mayor complejidad efectiva como la define Gell-Mann (1998), que puede ser interpretada como un aumento del capital social comunitario y de algunas personas (en especial las que han sufrido de procesos de exclusión social).

Por diagnóstico (de comunidad y de personas) entendemos un sistema de información que nos sirva como modelo (de la comunidad y de las personas), es decir, un conjunto de información mínima indispensable que tenga una relación de analogía (de isomorfismo, si es posible) tal que muestre cuáles son las reglas de base que organizan el sistema para poder planear una estrategia de intervención. El modelo ECO2 contempla la organización de la información en el Sistema de Diagnóstico Estratégico (SiDiEs) para cada comunidad, y el Sistema de Diagnóstico Terapéutico (SiDiTer) (Milanese, E. Merlo, R. Laffay, B., 2001) para las personas con las que se establece una relación de ayuda. El SiDiEs incluye, además del análisis de la red de líderes de una comunidad, elementos como una breve historia de la comunidad, el sistema de símbolos, ritos y mitos, representaciones sociales sobre ciertos temas, análisis de los conflictos y los fracasos, datos sociológicos, entre otros. La red de los líderes de opinión[7] es una de las formas en que la comunidad local se auto-organiza, principalmente a partir del sistema relacional entre ellos mismos, es decir, la red de los líderes es un modelo de la comunidad, un escenario donde se busca solucionar los conflictos de la comunidad (se pueden resolver de manera simbólica como en las fiestas o, más a menudo, “resolver” negándolos de múltiples formas: proyectándolas en chivos expiatorios, institucionalizándolos, etc.). Por eso el conocimiento detallado de la red de líderes es un elemento fundamental del proceso diagnóstico.

El SiDiTer está formado por la hoja del primer contacto, anamnesis, el instrumento para la evaluación periódica y de pasaje, diario clínico, el instrumento de seguimiento de casos individuales, que incluye la red subjetiva de la persona (la que declara “ego”) y la red subjetiva comunitaria activa (que se refiere a las personas directamente implicadas en un proceso de tratamiento comunitario con “ego”).

La red operativa la forman los agentes (operadores externos, operadores pares (es decir, usuarios de sustancias psicoactivas, trabajadores sexuales, etcétera) y promotores de la comunidad) que constituyen el equipo de trabajo. El modelo ECO2 propone que esta red trabaje en constituirse como una minoría activa (Moscovici, 1991) y es la responsable de la investigación en la acción y el desarrollo de la estrategia de intervención. Suponemos que este equipo, por su formación y organización, está orientado hacia el cambio de la comunidad en el sentido del gradiente de mayor complejidad efectiva, incidiendo principalmente en la modificación de representaciones sociales (Moscovici, 1993), y articulando una red de recursos comunitarios. Por medio de la investigación en la acción estamos en condiciones de evidenciar las situaciones definidas como problemáticas, así como, el capital social actual o potencial que la comunidad posee. Para poder orientar y derivar eficazmente, un operador de red debe haber conformado, y seguir alimentando una red de recursos comunitarios.

Experiencia de la Carpa
En el centro histórico de la Ciudad de México, en el barrio de La Soledad, una red interinstitucional coordinada por Hogar Integral de Juventud y CAFAC ha desarrollado desde el año 2002 un proyecto denominado “La Carpa”, (Juárez et al, 2005) que retoma el modelo ECO2, a través de una experiencia piloto de lo que denominamos tratamiento de base comunitaria o tratamiento comunitario (Milanese, 2009), que es una propuesta de intervención (sistema de acciones, instrumentos, prácticas y conceptos organizados en un proceso) y tiene como fin el mejoramiento de las condiciones de vida de personas en situación de exclusión social grave que abusan de drogas, sin sacarlas de la comunidad local en la que viven. Este es un proceso que se vive en, con, por medio de la comunidad. La lógica de base es tratar de pasar de la óptica de unidad operativa (servicio, institución, centro de cura, etc.) a la de comunidad operativa, a lo que Merlo ha llamado barrios terapéuticos.

“La Carpa” forma parte de un conjunto internacional de proyectos[9] de investigación en la acción apoyados por la fundación alemana DCV, la Unión Europea, UNESCO y UNAIDS.[10]
El barrio de la Soledad es un lugar que hemos caracterizado como un espacio-tiempo suma cero (Machín y Solano, 2000) en donde se articulan diferentes fenómenos sociales, todos ellos con un alto nivel de complejidad, que configuran lo que denominamos exclusión social grave: extrema pobreza, bajo nivel escolar, sin ocupación o trabajo y con formas precarias de autosustentamiento (trabajo ocasional, mal pagado, al margen de la legalidad, trabajo sexual), vulnerabilidad relacional,[11] farmacodependencias, exposición a violencia grave física y psicológica, vida en la calle y de calle, explotación sexual, enfermedades transmitidas por vía sexual, VIH y/o Sida, imposibilidad de acceso a los servicios básicos de salud, educación, seguridad y protección social, contextos de delincuencia, tráfico de drogas. La calle como escenario y alternativa de vida, con alto nivel de sufrimiento, pero con “ventajas” como una vida fuera de normas y reglas, y la obtención de bienes y servicios de manera “gratuita”. Existen una serie de datos que nos han obligado a re-pensar la intervención social en estos contextos (Milanese, 2009):

- los modelos clásicos de tratamiento han entrado en crisis frente a las nuevas formas de dependencia, al incremento de la demanda de ayuda, los altos costos operativos, la escasez de recursos y de resultados.
- existe un alto índice de fracasos en los procesos de tratamiento (alrededor del 65-70%).
- la mayoría de los fracasos están ligados a tres tipos de acontecimientos: un diagnóstico equivocado, el abandono del programa, el hecho que los farmacodependientes no expresan directamente su demanda de tratamiento sino que obedecen a una presión social/familiar.
- la alta incidencia de recaídas después de la conclusión del programa terapéutico con éxito (que indica un problema de planteamiento general de la rehabilitación y de la cura, de su evaluación y de su conexión con la vida en la sociedad real).
- la separación estratégica y metodológica entre la prevención, el tratamiento y la reinserción social.
- el aislamiento y la separación operativa entre las organizaciones y los servicios que trabajan en el área de las farmacodependencias, o la limitación de las modalidades de interacciones a la canalización, sin tentativas de poner en acto la cogestión de fases o partes de un programa terapéutico.
- menos del 10% de las personas que solicitan ayuda inician los procesos de tratamiento.
- las personas en situación de calle no están en capacidad de entrar en el circuito del tratamiento.
- el costo de las formas eficaces de ayuda ha creado una discriminación más entre farmacodependientes: los que pueden pagar reciben ayuda calificada, los que no pueden pagar no reciben ayuda, o reciben ayuda no calificada y a veces dañina.

Partiendo del Modelo ECO2, y su experimentación en contextos de exclusión social menos severa, se ha construido la propuesta a través de las siguientes premisas:
a) Diferenciación e integración de los recursos en función del umbral de acceso, creando dispositivos con el umbral más bajo posible (ver más adelante “La Carpa”).
b) Articulación de los servicios en red a nivel local.
c) Integrar equipos dirigidos al fortalecimiento de los operadores pares.
d) Restitución del conocimiento a la población por medio de un programa “capilarizado” de contactos directos a través de operadores pares.
e) Trabajo de calle en la comunidad local (que es diferente del trabajo de calle focalizado en los farmacodependientes).
f) Establecer prioridades a partir del estado de exclusión social.

La finalidad de esta propuesta es acompañar a las personas y a las comunidades para que recuperen la capacidad de soñar como primer paso hacia el conocimiento de sí mismos, y entonces de cambio y mejoramiento de sus vidas. Los objetivos generales del tratamiento comunitario pueden ser considerados como fases de un caminar no lineal, realizado en parte por caminos que existen y en parte por caminos que hay que hacer, por caminos que siempre se cruzan con otros y también consigo mismos. Estas fases son:
- Detener el agravarse de los procesos de autodestrucción
- Disminuir la peligrosidad de las conductas de riesgo
- Incrementar la seguridad en las conductas de riesgo
- Mejorar las condiciones de vida
- Iniciar procesos de salida de la exclusión grave
- Vivir un proceso de cambio

En cada fase debe darse un proceso de estabilización de los resultados de esa fase.

El tratamiento comunitario consta de 5 ejes (Construcción del Set, Asistencia, Educación, Cura, Trabajo) y se organiza en diferentes modalidades de trabajo como dispositivos de tratamiento. Las principales modalidades de trabajo son las redes, el trabajo de calle, La Carpa, el centro fijo y los talleres de autoempleo. Se ha llegado a estas modalidades y ejes a partir de la investigación en la acción desarrollada en el conjunto internacional de proyectos mencionados anteriormente.
A continuación, hacemos una breve descripción de cada una de ellas.

Articulación de la Red comunitaria de recursos
Articular las diferentes organizaciones que participan en el contexto para que intercambien e integren premisas de trabajo y la activación de los recursos presentes en la localidad (hospitales, grupos de voluntarios, guarderías, centros escolares, policía, iglesias, abogados, comunidades terapéuticas, servicios de administración pública local, etcétera), para el fortalecimiento en materia de servicios de educación, salud y seguridad, gestoría en los trámites y adquisición de documentos oficiales, derivación hacia otras organizaciones, entre otros.
Para lograr esta articulación y activación de la red se tiene que realizar un trabajo de modificación de las representaciones sociales sobre y de las personas que viven en situación de exclusión social grave.

Trabajo de calle para la construcción de la Red subjetiva comunitaria
Conocer personalmente a todos los beneficiarios, reconocer directamente problemas y recursos de la comunidad, construir relaciones directas y mantenerlas, construir una relación de confianza, organizar acciones de prevención y educación no formal.

La Carpa
Set y setting de escucha especializada de muy bajo umbral[12] para el establecimiento de vínculos y como observatorio de la dinámica social en el contexto de servicio de una cafetería móvil para:
a) Iniciar o reforzar la relación.
b) Brindar servicios de escucha.
c) Ofrecer alternativas de reducción de daños.
d) Dar continuidad de los procesos.
e) Análisis de la dinámica social.
f) Educación no formal (actividades programadas con niñas/os, alfabetización de adultos, información sobre Derechos Humanos, autocuidado, etc.).

Centro Fijo (Drop-in Center)
Surge de la necesidad de dar seguimiento a las demandas de ayuda, brinda servicios de: asistencia médica, escucha profesional, estimulación temprana, actividades recreativas, regaderas, lavado de ropa, guardado de ropa y documentos.

Talleres de Autoempleo
Es una estrategia para la contención e inserción laboral, a través de la capacitación para el autoempleo y la gestión de microcréditos.

Caso Magma[13]
A continuación presentamos un somero análisis de las modificaciones que ha producido la intervención en la red subjetiva de una de las personas que ha participado en La Carpa, denominada “Magma” por razones de confidencialidad. Magma es una mujer de 26 años, inmigrante, que vive en la calle (después de sufrir abuso sexual por parte de su padrastro), consumidora de sustancias psicoactivas y que trabaja como sexo-servidora. Es una de las primeras personas con las que se establece contacto y que ha tenido una participación activa en el proyecto.

A partir del establecimiento del primer contacto con Magma, se compila un instrumento denominado Hoja de primer contacto (Milanese, 2009) que, como mencionamos antes, forma parte del SIDITER y tiene diversos apartados: folio, fecha y hora del primer contacto, lugar y modalidad del primer contacto, datos del informante, datos del beneficiario, situaciones que originan el contacto (este apartado tiene como finalidad describir las condiciones iniciales del tratamiento, se basa en un diagnóstico inmediato por parte del operador), tipos de demandas (lo que la persona que hace el primer contacto solicita), tipos de respuestas (lo que el operador hace o indica),resultado (en relación al seguimiento), observaciones y anotaciones del operador, datos del operador que compila el instrumento.

Como en el caso Magma el primer contacto se realiza durante el trabajo de calle de un operador, también existe un diario de campo asociado a este primer contacto.

Uno de los aspectos más importantes de la Hoja de primer contacto, es que permite la definición de las condiciones iniciales del desarrollo de la relación y constituye, en cierta manera, una línea de base, un primer diagnóstico, el momento en el cual se manifiesta la demanda, una definición implícita de objetivos (que serán mejor definidos posteriormente en el trabajo de equipo), en síntesis, un primer esbozo del escenario.
El desarrollo posterior de la relación permite ir recabando y sistematizando información acerca de la persona, su contexto de vida, sus relaciones, a partir de la observación participante o no (de acuerdo a la actividad y situación específica), la escucha activa, entrevistas semiestructuradas, y a profundidad (de acuerdo al grado de confianza y rapport que se va logrando). Los datos son recogidos en los restantes instrumentos del SiDiTer (para la evaluación periódica y de pasaje, de seguimiento de casos individuales, diario clínico, etcétera).[14] Obviamente, en estos contextos no existen condiciones propicias para la fiabilidad de la información, así que los datos proporcionados por la persona son contrastados con la observación y por datos recogidos de otras personas. Frecuentemente con el paso del tiempo, al desarrollarse la relación los datos son más confiables y permiten la corrección de las informaciones iniciales. Sin embargo, este cambio en la información puede considerarse en sí mismo como un indicador del cambio en la relación.

El primer contacto se realiza en un recorrido de calle a mediados de 2002. Posteriormente Magma comienza a asistir con regularidad al dispositivo de La Carpa, pero los nombres que proporciona son todos falsos, y después de un tiempo plantea una serie de demandas de ayuda (inicialmente, escucha y apoyo de guardería para su hijo). A partir de la observación y de las entrevistas informales se construye una primera red de Magma a principios de 2003:
Figura 1. Red Magma, 2003[15]
La red de Magma, cuando comienza la intervención, tiene una amplitud pequeña (13 nodos) comparada con la media de aproximadamente 290 que refiere Molina (2005), y una alta densidad (al inicio de la intervención es de 41.67% que supera la de 30% promedio también referida por Molina). Según Bonet i Martí (2006), la estructura de la red de Magma es una estructura común en grupos de alta vulnerabilidad excluidos o autoexcluidos.
La red de Magma es altamente homofílica, según podemos ver de los siguientes datos: 50% (incluyendo a Magma) son trabajadoras sexuales, 85.71% (incluyendo a Magma) son consumidores de sustancia psicoactivas, 100% (incluyendo a Magma) son habitantes de calle. Para analizar el contenido de la red se empleó un instrumento de evaluación (Milanese, 2006 a, 2006 b, 2009) que comprende una tabla de 11 indicadores de riesgos relacionados con la vida de grupo (endeudarse con el vendedor de drogas, participar en grupo en actividades delictivas, tener relaciones afectivas con el vendedor de drogas, etc.). Es importante remarcar que no son atributos de la persona sino atributos de su relación con su red subjetiva, es decir, los indicadores describen aspectos relacionales de riesgo. Al evaluar a cada una de las personas que constituyen la red subjetiva de Magma utilizando este instrumento, lo que se obtuvo es que el 92% de las personas que componen la red subjetiva de Magma tienen un alto índice de riesgo relacionado con la vida de grupo: es decir que viven en una situación de alto riesgo relacional. Así, tenemos que la red de Magma presenta también una alta homogeneidad desde la perspectiva de los riesgos relacionados con la vida de grupo.

En síntesis, la red social de Magma constituye un recurso para la supervivencia en el contexto de calle; sin embargo, al mismo tiempo sus características (baja amplitud, alta densidad, alta homofilia, alta homogeneidad de riesgo relacional, ausencia de conexiones con otros nodos que cohabitan el mismo territorio y ausencia de conexiones exteriores al territorio), hacen que la tendencia sea a reforzar los contenidos relacionales prevalecientes en la red y sea uno de los factores más fuertes de persistencia que hace que Magma difícilmente pueda mejorar sus condiciones de vida y salir del trabajo sexual, de la vida de calle y otros estilos de vida de alto riesgo. La estructura y los contenidos de la red de Magma se pueden ver como causa y efecto de la exclusión social que vive, sin olvidar la ubicación de la persona en el contexto macro y su propia trayectoria biográfica.

Efectos de la intervención
A partir del diagnóstico de la red de Magma y retomando aportes de las teorías de los lazos débiles (Granovetter, 1973), de los hoyos estructurales (Burt, 1992) y los componentes bonding y bridging[16] del capital social (Putnam, 1993), se diseñó una estrategia de intervención, no centrada exclusivamente en el caso individual, sino también, simultáneamente, en la comunidad, con los objetivos de insertar en esa red personas que por atributos personales permitieran su pertenencia a la red (operadores pares), pero que al mismo tiempo tuvieran atributos relacionales que introdujeran diversidad en la red, y, en ese sentido, pudieran, poco a poco, perturbar al sistema, reducir la homogeneidad y aumentar su complejidad efectiva. Así, entonces, el objetivo de la intervención no era actuar sólo sobre los atributos de los sujetos, ni intervenir directamente sobre las relaciones (mediación de conflicto, por ejemplo), sino incidir sobre la estructura de la red: disminuir la homogeneidad de la situación de riesgo, a través de la inserción en el grupo de personas que no tienen todas las relaciones de grupo de alto riesgo que las demás alteri tienen. El equipo de operadores actúa como los “lazos débiles” que ayudan a disminuir el componente bonding, superar los hoyos estructurales entre las redes de las personas en situación de exclusión social grave y el resto de la comunidad (a partir de la red de recursos comunitarios), aumentando el componente bridging. Al mismo tiempo, se trabaja en modificar las representaciones sociales de otros actores comunitarios en relación a las personas en situación de exclusión social grave de éstas en relación con los demás y estableciendo con ellos una articulación de posibles servicios.
En diferentes momentos del proceso de intervención se ha ido graficando la red de Magma. A continuación presentamos dos grafos correspondientes a datos compilados a principios de 2005 y finales de 2006, donde se pueden ver los efectos que la intervención va produciendo en la red de Magma.
Figura 2. Red Magma, 2005.
Figura 3. Red Magma, 2006
Al inicio, en la red de Magma es muy alta la proporción de compañeras de trabajo (sexo-servidoras) y los nodos asociados al consumo de sustancias psicoactivas (consumidores, vendedores), en contraste es muy pequeña la proporción de familiares (15.38%, bastante menor que el promedio de 25% reportado en la literatura (Molina, 2005)), la evolución de su red, a raíz de la intervención, va en el sentido de recuperar lazos con familiares (hija, suegros, aumentando la proporción a 31.81%) y crear otros lazos estables con agencias de servicios (los operadores mismos de La Carpa, pero también de otras organizaciones como Brigadas Callejeras, el Instituto nacional de educación de adultos y un albergue).

Al momento del primer contacto, la red pertenecía enteramente al territorio (en contraste, más del 50% de las redes personales se sitúan fuera de los lugares de residencia, según Molina (2005)), conforme se avanza en la intervención Magma empieza a establecer relaciones extraterritoriales.

Molina (2005) también señala que, en general, la red de las mujeres es menor que las de los hombres, en la red de Magma observamos que así sucede en relación a la de su pareja, aunque conforme avanza la intervención la diferencia entre ambas se va acortando (13-17, 20-24, 22-25).

A pesar del aumento de lazos (evolucionan de 65 a 151 y finalmente a 160) la densidad disminuye, compensada por la introducción de nuevos nodos (pasando de los 13 iniciales a 20 y de ahí a 22) que no establecen relación con todos los nodos de la red existente, sino que se establecen de manera selectiva. Así, de la densidad inicial de 41.67% se pasa a 39.74% y de ahí a 34.63%, que se va aproximando a la reportada por Molina (2005) de 30% en promedio. Entonces, podemos decir, que un efecto de la intervención ha sido la ampliación del número de nodos tanto de la periferia (con agencias) como del centro (familiares) y una disminución de la densidad de la red: ambos indicadores señalan a un aumento de la apertura de la red y una mayor complejidad del sistema relacional.

Otro indicador del impacto se observa en la intermediación (Freeman, 1979) que juega Magma en su red, que aumenta de 27.41 (normalizada 17.57) a 76.24 (normalizada 20.06), y finalmente a 139.63 (normalizada 30.22). Es decir, que el papel estructural de Magma cambia dentro de su red al avanzar la intervención.

Como mencionamos antes, la red de Magma le proporciona acceso a determinados recursos y le permite sobrevivir en un contexto muy adverso, pero también con muy altos costos de sufrimiento social y, al mismo tiempo, le impide acceder a otros recursos disponibles en el espacio comunitario, porque se trata de una red social que se encuentra marginalizada y estigmatizada, sin suficientes vínculos con la comunidad con la que comparte el territorio, donde es notoria la ausencia de nodos que actúen como puentes con otras redes diferentes.

La respuesta entonces no ha sido sacar a Magma de su red (internamiento, institucionalización), ni proveerle solamente de servicios (sólo asistencia) ni ejercer el rol de gatekeeper (guardián/puerta de acceso) a determinados recursos, sino que ha buscado modificar el sistema comunitario, a través de la articulación de redes y modificación de representaciones sociales y la transformación de su red hacia una mayor complejidad efectiva que le brinde un mayor grado de apoyo social (Maya, 2009). La red operativa juega entonces el papel de puente temporal (o mejor aún, de constructor de puentes) y facilitador, para crear condiciones donde sea la misma población excluida la que pueda establecer sus propias conexiones y construir ciudadanía, con la posibilidad de ejercer sus derechos y cumplir con sus responsabilidades, y empujar desde abajo, poco a poco, en la modificación de una sociedad injusta y excluyente, en el sentido de una mayor complejidad efectiva, menos sufrimiento social, más salud y equidad, construyendo un mundo donde quepan muchos mundos.


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